Con el inicio de 2026, el país comienza a retomar su ritmo habitual. Muchas familias regresan de vacaciones por el retorno escolar en colegios y universidades, mientras otras personas vuelven a sus labores cotidianas tras las celebraciones de Año Nuevo.
Con estos ajustes y nuevos comienzos, uno de los propósitos que más se repite es mejorar la condición física y adoptar hábitos saludables, especialmente después de los excesos alimenticios de diciembre y de las rutinas más flexibles que suelen marcar las vacaciones.
La intención de comenzar una vida más activa es clara, pero en la práctica no siempre se sostiene. Aunque la motivación inicial suele ser alta, muchas personas abandonan el entrenamiento en pocas semanas, frustradas por la falta de resultados inmediatos o por experiencias poco agradables.
Detrás de este abandono temprano suelen existir errores frecuentes y creencias equivocadas que afectan la constancia y la relación con el ejercicio.
3 fallas al entrenar que hacen abandonar la actividad física rápidamente
Uno de los errores más comunes al iniciar una rutina de ejercicio es esperar cambios visibles en muy poco tiempo.
La percepción de que el progreso debe ser inmediato genera desánimo cuando el cuerpo no responde de forma rápida, sin tener en cuenta que los procesos físicos requieren adaptación y continuidad.
Otra falla habitual es entrenar sin una orientación adecuada. Muchas personas replican rutinas vistas en redes sociales o adoptan planes que no se ajustan a su condición física, lo que puede provocar fatiga excesiva, molestias constantes o lesiones. Cuando el ejercicio se convierte en una experiencia dolorosa o frustrante, la probabilidad de abandonar aumenta considerablemente.
También es frecuente confundir disciplina con sobreexigencia. Entrenar todos los días sin permitirle al cuerpo recuperarse puede afectar el rendimiento y la motivación. El descanso no es un retroceso, sino una parte esencial del progreso físico y del bienestar general.
Mitos sobre el ejercicio que afectan los resultados, según el experto
Además de los errores prácticos, los mitos continúan siendo un obstáculo para quienes buscan mejorar su salud.
Camilo Sarasti, CEO de Smart Fit Colombia, Panamá y Costa Rica, explica que cada comienzo de año reaparecen ideas equivocadas que condicionan la experiencia de quienes deciden entrenar.
Una de las más comunes es asociar la pérdida de peso con el bienestar integral. “El peso corporal no siempre refleja el estado real de salud. Factores como la masa muscular, la movilidad y los hábitos diarios son determinantes en la calidad de vida”, señala.
Otro mito extendido es creer que el ejercicio cardiovascular es suficiente para estar en forma. Aunque este tipo de actividad aporta beneficios al corazón y al metabolismo, el entrenamiento de fuerza es clave para preservar la masa muscular, prevenir lesiones y favorecer un funcionamiento corporal equilibrado.
También persiste la idea de que entrenar sin descanso acelera los resultados. El experto aclara que el cuerpo necesita pausas para adaptarse al esfuerzo, y que ignorar este proceso puede aumentar el riesgo de lesiones y afectar la adherencia al ejercicio.
El interés por la actividad física es evidente. Según datos de la Health & Fitness Association (HFA), en varias ciudades de América Latina el 61 % de las personas realiza ejercicio al menos dos veces por semana y el 78 % lo hace varias veces al mes, con una alta preferencia por gimnasios y centros especializados. Pero, sostener el hábito sigue siendo el mayor reto.
¿Cómo tener una rutina de ejercicio y convertirla en una constante?
La clave para mantener la actividad física en el tiempo está en replantear la forma de asumir el entrenamiento.
Más allá de los objetivos estéticos, los especialistas recomiendan enfocarse en metas funcionales y alcanzables, como mejorar la resistencia, ganar fuerza o aumentar los niveles de energía en la vida diaria.
Establecer horarios realistas, acordes con la rutina personal, facilita que el ejercicio se integre a la cotidianidad y no dependa únicamente de la motivación. Asimismo, contar con acompañamiento profesional permite adaptar las rutinas a las capacidades individuales y reducir el riesgo de frustración.
Escuchar al cuerpo, respetar los tiempos de descanso y entender que el progreso no es lineal contribuye a una relación más sana con el ejercicio. “Lo más importante no es cuánto peso se pierde, sino cómo se gana salud y calidad de vida. El bienestar no tiene fecha ni un momento ideal para comenzar”, concluye Sarasti.
En este inicio de 2026, cuando muchas personas retoman sus responsabilidades tras las vacaciones y el calendario escolar, adoptar una vida más activa sigue siendo un propósito vigente.
La diferencia está en hacerlo con información clara, expectativas realistas y una visión de largo plazo que permita transformar el ejercicio en un hábito sostenible y no en un intento pasajero.