Carlos Fernando Galán

Galán habló clarito: pone a camellar a funcionarios y les fija meta

Galán reporta que el ritmo de obra del Metro aumentó un 50% frente a años anteriores.

Colprensa / Composición Obras en Bogotá

Se acabaron las excusas y el eterno “eso venía de atrás”. El alcalde Carlos Fernando Galán se plantó con números en mano y lanzó la vara bien alta: el Metro de Bogotá debe cerrar 2026 con 90% de avance. Nada de echarle la culpa a la herencia ni a terceros; el mensaje fue directo: acelerar, resolver y cumplir. Y al que no le guste el ritmo, que se baje del bus.

Galán no se quedó en discursos. Soltó datos, plazos y un ultimátum político-administrativo para que las entidades, contratistas y supervisores metan turbo. Según dijo, el proyecto ya va en 73%, y con gestión diaria, coordinación técnica y decisiones rápidas, Bogotá verá trenes rodando en pruebas este mismo año.

“Bogotá tiene un problema histórico en movilidad… y nos pusimos en la tarea de darle un remedio a esta ciudad a través de las obras, acelerándolas, resolviendo sus problemas, garantizando que se superan dificultades”, afirmó el alcalde. “El Metro va bien: 73% de avance; este año tenemos la meta de llegar al 90%. Ya la gente ve el viaducto, tenemos 11.300 metros construidos y ocho trenes en Bogotá. Logramos que el ritmo aumente 50% frente a años anteriores; eso es parte del remedio que le estamos dando a la ciudad”.

Ritmo endemoniado: más obra, menos cuento

El alcalde fue al grano: más frentes activos, mayor coordinación con interventoría y un tablero de control que mide el avance semanal. Con eso, asegura, se pasó del “vamos viendo” a un plan de ejecución con jalonadores claros. Según su despacho, los rendimientos subieron 50%, lo que se nota a simple vista: pilotes, columnas y vigas que ya se ven por buena parte del trazado.

En palabras de calle: menos render y más concreto. El viaducto ya suma 11,3 kilómetros montados, un hito que cambia la percepción ciudadana. Donde antes se veía cerramiento y polvo, hoy hay estructura montada que confirma que la línea va tomando forma.

Viaducto a la vista, trenes en patio y pruebas a la vuelta

La otra carta que mostró Galán es la flota inicial: ocho trenes ya están en Bogotá, listos para que entren al ciclo de pruebas estáticas y luego dinámicas. La orden es que en junio arranquen esas validaciones en vía, con protocolos de seguridad, señalización, energización y control de sistemas.

Para el usuario, la señal es potente: si hay tren rodando, la obra dejó de ser promesa y pasó a etapa de alistamiento operativo. Eso no significa apertura inmediata —faltan interacciones, certificaciones y cierre de estaciones—, pero sí marca un antes y un después.

Menos “taco” a punta de infraestructura: el “remedio” de fondo

Galán reconoció el dolor del día a día: desvíos, cierres, polvo y tiempos de viaje más largos. Pero defendió el camino: construir infraestructura es, hoy, la única receta seria para enfrentar el trancón histórico. En su lógica, o la ciudad aguanta la cirugía ahora, o sigue perdiendo horas de vida entre buses, carros y motos parados.

No es solo el Metro; el Distrito tiene en fila troncalidades, intercambiadores, puentes y mejoras de malla vial para que la red responda cuando el tren entre en operación. El paquete es pesado, pero el objetivo es alinear obras para que el impacto sea acumulativo y no un parche temporal.

El que no camelle, que se baje: control y tablero público

El tono del alcalde incluyó advertencia: cada área con metas y fechas. Hay cronogramas por frente y entidades responsables. Y prometió transparencia: publicar hitos y avances para que la ciudad sepa qué se hizo y qué falta. Con eso, busca cortar la vieja costumbre de que las demoras se pierdan entre ventanillas.

El mensaje hacia los contratistas fue igual de claro: cumplimiento técnico, seguridad en obra y cero excusas. Si hay cuellos de botella —diseños, interferencias, servicios públicos—, la instrucción es resolverlos rápido, con mesas técnicas y decisiones ejecutivas.

De la posta a la entrega: continuidad con acelerador

Galán también le bajó el tono a la “pelea de herencias”. Dijo que el proyecto venía con decisiones tomadas y que su papel no es reinventarlo, sino terminarlo bien. En su relato, el gobierno actual tomó la posta y la está llevando al sprint con ajustes de gestión y coordinación que ya se reflejan en obra.

Ahí ancló su promesa: entregar un Metro en alto nivel de ejecución, con trenes probados y un viaducto visible en casi todo el recorrido. La cifra —90% en 2026— es el compromiso que hoy aprieta a toda la administración.

Lo que significa para el bogotano de a pie

En el día a día, esta aceleración debería traducirse en tres cosas: menos cierres puntuales y mejor manejados, mayor señalización para desvíos y, sobre todo, certeza de que cada mes pasa algo: un tramo de viaducto montado, una estación cerrando estructura, un tren moviéndose en pruebas.

¿Molesta la obra? Sí. ¿Vale la pena si cumplen los hitos? También. Porque cuando el tren ruede, la ciudad gana tiempo, previsibilidad y una columna vertebral para reorganizar buses, alimentadores y modos no motorizados.