Ahora sí, Getsemaní tiene puente digno y los vecinos de la localidad de Bosa no lo están creyendo. El famoso puente que durante años fue sinónimo de tablas rotas, huecos traicioneros y sustos para niños y adultos mayores, por fin quedó como debe ser. La Alcaldía de Carlos Fernando Galán le metió más de mil millones de pesos y lo transformó de arriba abajo.
El cambio es tan grande que muchos dicen: “ese no es el mismo puente”.
De puente de madera a piso de alto tráfico
Antes, cruzar por ahí era una lotería. Las tablas se dañaban, se las robaban o las motos terminaban de acabarlas. Hoy, eso quedó en el pasado.
El piso de madera fue reemplazado por un material de alto tráfico, del mismo que se usa en las estaciones de TransMilenio, pensado para aguantar miles de pasos diarios sin volverse un peligro.
“Este puente tenía un piso en madera que dificultaba el tránsito peatonal. Hoy lo transformamos en un piso que garantiza alto tráfico”, explicaron desde la administración local.
Un impacto que se siente en todo el sector
La obra no es menor. Este puente es clave para la movilidad diaria de la zona y hoy beneficia directamente a:
- Más de 5.000 personas que lo cruzan a diario
- Habitantes de más de 15 barrios colindantes
Es una conexión vital entre sectores que, sin el puente, tendrían que dar vueltas largas o caminar por zonas peligrosas.
Puente peatonal… y punto
Uno de los cambios más celebrados por la comunidad es que se acabó el paso de motos. El puente es exclusivamente peatonal y para bicicletas, como siempre debió ser.
Los vecinos cuentan que antes el ruido y el peso de las motos terminaban dañando la estructura y poniendo en riesgo a quienes caminaban.
Ahora, los niños pueden cruzar tranquilos, los adultos mayores ya no temen meter el pie en falso y el ambiente es mucho más seguro.
Espacio público que sí mejora la vida
Desde la Alcaldía Local de Bosa, el mensaje fue claro: estas obras no son solo cemento, son calidad de vida.
“Esta intervención transforma la vida de la comunidad y es una oportunidad para mejorar el espacio público”, señalaron.
Además, se hizo un llamado directo a la ciudadanía: cuidar el puente, no permitir el paso de vehículos motorizados y mantenerlo limpio.
Ahora el turno es de la gente
La obra quedó firme, bonita y funcional. Pero el mensaje final es claro:
👉 sin cultura ciudadana, no hay obra que aguante.
Los vecinos lo saben y lo dicen sin rodeos: costó un platal y quedó de lujo, así que toca cuidarlo como lo que es, un patrimonio del barrio.
Porque en Getsemaní hoy no solo hay puente nuevo…
hay tranquilidad para cruzar, orgullo comunitario
y un ejemplo de que cuando se hace bien, sí se nota.