En Cundinamarca ya no quieren volver a rezar cada vez que el cielo se pone negro. Después de años de inundaciones, deslizamientos y sustos repetidos, la CAR Cundinamarca y la Gobernación firmaron un convenio que muchos ven como un verdadero salvavidas: $30.000 millones para intervenir 16 puntos críticos en la cuenca del río Bogotá y reducir el riesgo que hoy mantiene en vilo a comunidades enteras.
El objetivo es claro y directo: prevenir antes de lamentar . Nada de esperar a que el agua se meta a las casas o a que una ladera se venga abajo. Esta vez, dicen las autoridades, la apuesta es por obras de fondo que permitan que el río y sus afluentes fluyan sin salirse de madre.
“Ya cuenta con formalidades contractuales el convenio que firmamos para adelantar obras en 16 puntos críticos de 11 municipios de la cuenca del río Bogotá, con una inversión cercana a $30.000 millones”, confirmó Alfred Ballesteros, director de la CAR.
Once municipios dejan de vivir con el credo en la boca
El plan beneficiará a 11 municipios, varios de ellos golpeados año tras año por las lluvias. En estas zonas, cada invierno se traduce en evacuaciones, pérdidas materiales y miedo constante.
Entre los municipios priorizados están:
- Provincia del Tequendama:
Viotá, Anapoima, La Mesa y El Colegio, donde los deslizamientos y crecientes han sido una amenaza permanente para viviendas y vías rurales. - Sabana Centro:
Cota y Zipaquirá, puntos estratégicos donde el desbordamiento del río Bogotá afecta barrios, comercio y corredores viales clave. - Otros cinco municipios completan la lista de los once beneficiados, todos con antecedentes de emergencias por inundaciones y movimientos en masa.
La selección, explicó la CAR, se hizo con base en riesgos históricos, reportes técnicos y solicitudes comunitarias, priorizando donde el peligro es mayor.
¿En qué se van a invertir los $30.000 millones?
La plata no se va a ir en pañitos de agua tibia. El paquete de obras apunta a reducir el riesgo estructural, no solo a mitigar emergencias momentáneas. Entre las intervenciones previstas están:
- Muros de contención, para evitar que taludes y montañas colapsen sobre carreteras, ríos y viviendas.
- Dragado y refuerzo de orillas, permitiendo que el río Bogotá y sus afluentes conduzcan el agua sin desbordarse.
- Sistemas de drenaje, para evacuar aguas lluvias y evitar represamientos que terminan en inundaciones.
“Invertiremos en obras para reducir el riesgo de inundaciones y deslizamientos en municipios como Viotá, Anapoima, La Mesa, El Colegio, Cota, Zipaquirá, entre otros. ¡La prevención salva vidas!”, recalcó Ballesteros.
Menos emergencia, más tranquilidad para las familias
Para miles de habitantes, este anuncio significa volver a dormir con algo de tranquilidad. Menos evacuaciones de madrugada, menos colchones mojados y menos pérdidas que tardan años en recuperarse.
Además, las obras no solo protegen casas. También cuidan colegios, cultivos, comercios y vías, que cada temporada invernal quedan en riesgo y afectan la economía local.
En municipios turísticos como Anapoima y La Mesa, por ejemplo, una creciente puede arruinar toda una temporada, mientras que en zonas rurales los deslizamientos dejan veredas incomunicadas durante semanas.
El río Bogotá: de amenaza constante a riesgo controlado
El río Bogotá ha sido por décadas sinónimo de problema, especialmente en temporada de lluvias. Por eso, desde la Gobernación insistieron en que este convenio busca romper el ciclo de la emergencia permanente y pasar a una gestión del riesgo seria y planificada.
Nadie promete que el río deje de crecer, pero sí que el impacto sea menor y que las comunidades estén mejor protegidas cuando lleguen las lluvias fuertes.
Prevenir también es gobernar
El acuerdo entre la CAR y la Gobernación deja un mensaje claro: invertir en prevención es ahorrar tragedias. Cada peso que se pone hoy en obras es un peso menos que mañana se gastará en reconstrucción, ayudas de emergencia y atención de desastres.
Además, estas intervenciones fortalecen la confianza de las comunidades, que durante años han sentido que solo se acuerdan de ellas cuando ya están con el agua al cuello.