Puente vehicular

Puente sobre el río Bogotá estaría al borde del colapso: no aguanta un camión más

Sin andenes ni ciclorrutas: el peligroso "cóctel" de inseguridad para peatones y ciclistas en el río Bogotá.

(X)MunirCardenas El puente sobre el río Bogotá tiene grietas y fatiga estructural

El puente vehicular sobre el río Bogotá, ese que conecta a diario a miles de personas entre ambos municipios, está dando señales graves de fatiga. La estructura, vieja y desgastada, se está convirtiendo en un riesgo latente para conductores, peatones y ciclistas que cruzan por allí sin saber que, literalmente, lo están haciendo sobre una bomba de tiempo.

La denuncia la encendió el activista y estudiante de arquitectura Munir Cárdenas, quien publicó un video mostrando lo que muchos veían pero pocos querían aceptar: grietas profundas, fisuras en el concreto y un acero que ya no responde como debería. Según el registro, los daños son tan evidentes que cualquiera podría notar que la estructura está al borde del colapso.

“Este puente se puede caer y nadie hace nada”: la denuncia que despertó a la comunidad

En su denuncia, Cárdenas mostró desde abajo la magnitud del deterioro. Aseguró que el puente presenta un nivel de desgaste que no corresponde a su uso actual, mucho menos después de que la vía fuera declarada “corredor de alta capacidad”, permitiendo el paso constante de camiones cargados, vehículos pesados, buses escolares y motos.

Según él, la estructura, que ya estaba vieja, ahora enfrenta un flujo de vehículos que simplemente no es capaz de soportar. El resultado: grietas cada vez mayores y una sensación de que cualquier camión podría ser “el último”.

Además, Cárdenas cuestionó la postura de las autoridades, señalando que cuando la comunidad pidió restricciones de paso, la respuesta fue que “la norma no lo permite”. Para él, y para muchos usuarios, esto es incomprensible: ¿cómo puede una regla burocrática estar por encima de la vida de miles de personas?

Una ruleta rusa diaria: sin andén, sin cicloruta y sin control

El panorama es alarmante. El puente, además del evidente deterioro, no tiene espacio seguro para peatones ni ciclistas. Todos —carros, motos, bicicletas y hasta personas caminando— se ven obligados a compartir el mismo carril de asfalto deteriorado. Es una mezcla que, como dicen en la zona, “es rogarle al destino todos los días”.

El uso masivo de la estructura por parte de tractomulas y camiones de varias toneladas hace que cada cruce sea un riesgo. Con cada vehículo pesado, la vibración aumenta, las grietas se abren un poco más y la estructura se debilita.

Vecinos del sector coinciden: esto no es un problema nuevo, pero sí uno que se viene acumulando y que nunca ha recibido una intervención real. Lo único que han visto, dicen, son “pañitos de agua tibia”, como horarios mínimos de restricción que no cambian la realidad.

¿Y las autoridades? Proyectos, promesas… y mucha espera

Desde el Distrito y la Secretaría de Movilidad se ha mencionado que existe un proyecto para un nuevo puente, pero los tiempos administrativos van a otro ritmo. Mientras tanto, el puente sigue allí, aguantando lo que puede.

La comunidad insiste en que una obra futura no evita una tragedia hoy. Piden medidas inmediatas como:

  • Reducción drástica del paso de vehículos pesados.
  • Refuerzo temporal de la estructura.
  • Presencia de control vial para evitar sobrecarga.
  • Señalización y desvíos provisionales.
  • Protección para ciclistas y peatones.

Lo que preocupa es que, según Munir, mientras se discuten normativas y procesos contractuales, la infraestructura se sigue cayendo a pedazos. La sensación general es que se está aplazando una intervención que debería ser urgente.

El llamado final: “La tragedia no avisa”

El video del activista abrió los ojos a cientos de ciudadanos que no sabían del riesgo real. Hoy, la presión pública crece y las autoridades están obligadas a responder no solo con comunicados, sino con acciones inmediatas.

Porque si algo quedó claro en esta denuncia es que el puente no aguanta un camión más, y seguir dándole largas podría terminar en un desastre que todos quieren evitar.

El río Bogotá no perdona. Y la infraestructura que lo cruza tampoco va a resistir mucho tiempo si la ciudad no actúa. Aquí la comunidad ya habló; ahora falta que quienes deciden se muevan antes de que sea demasiado tarde.