Una situación que venía preocupando a la comunidad terminó en acción contundente de las autoridades ambientales. En el municipio de Fusagasugá, la Corporación Autónoma Regional de Cundinamarca decidió frenar en seco un botadero ilegal donde se estaban acumulando miles de toneladas de residuos de construcción.
Todo comenzó tras una denuncia ciudadana que alertó sobre el vertimiento de material en una zona cercana a una fuente de agua en la vereda Los Sauces.
Técnicos de la Dirección Regional Sumapaz llegaron al punto y encontraron un panorama crítico: terreno intervenido, vegetación removida y toneladas de escombros depositados sin ningún tipo de permiso.
Según explicó la directora regional, Érika Álvarez, el lugar estaba siendo utilizado como sitio de acopio de residuos provenientes de obras de excavación en el sector, especialmente para la construcción de viviendas. Las cifras preocupan: más de 3.600 metros cuadrados impactados y cerca de 17.623 toneladas de material acumulado, sin contar con autorización ambiental.
¿Qué pasó con el botadero ilegal en Fusagasugá?
La autoridad ambiental no dudó en actuar. Como medida preventiva, ordenó la suspensión inmediata de todas las actividades relacionadas con la disposición de residuos de demolición y construcción en el predio.
El problema no solo radica en la ilegalidad del depósito, sino en las consecuencias que puede traer para el entorno. El terreno afectado está ubicado en una zona forestal protectora de una quebrada afluente de la Quebrada Los Sauces, lo que agrava el impacto ambiental.
La acumulación de este tipo de material altera las condiciones naturales del suelo y pone en riesgo el equilibrio del ecosistema. Además, el retiro de la cobertura vegetal deja el terreno expuesto, lo que facilita procesos de erosión y deterioro.
¿Qué riesgos ambientales generan los escombros mal manejados?
Las autoridades advirtieron que las consecuencias pueden ser graves si no se controla este tipo de prácticas. Con las lluvias frecuentes en la región, el agua puede arrastrar los residuos y mezclarse con los materiales sueltos, generando taponamientos en las fuentes hídricas o incluso avenidas torrenciales.
A esto se suma otro riesgo silencioso: la posible formación de aguas ácidas debido a la exposición de los materiales a la intemperie, lo que podría contaminar la quebrada y afectar tanto la fauna como las comunidades cercanas.
Desde la CAR hicieron un llamado a los constructores y ciudadanos para cumplir con la normativa ambiental vigente y evitar este tipo de afectaciones. También insistieron en la importancia de denunciar cualquier actividad sospechosa que ponga en peligro los recursos naturales.