Bogotá ha sido siempre escenario de grandes transformaciones culturales. Desde los días del tranvía hasta los centros comerciales, cada época ha tenido sus íconos. En el mundo del entretenimiento, los teatros marcaron el ritmo de la ciudad. Entre ellos, uno sobresale no solo por su belleza o historia artística, sino por los misterios oscuros que aún hoy le dan fama: el Teatro Faenza.
Ubicado en pleno centro de Bogotá, el Faenza fue el primero en proyectar cine en la capital. Fue símbolo de modernidad, arte y también de luchas sociales. Pero con el paso de los años, su brillo se apagó, y su nombre empezó a circular en los rincones menos esperados, cargado de rumores, leyendas y mucho suspenso.
Cómo nació el Teatro Faenza: de fábrica a símbolo del cine bogotano
Todo empezó cuando José María Sáiz, dueño de una fábrica de porcelana, y su pariente José María Montoya, decidieron transformar ese espacio industrial en un lugar para el arte. Con el impulso del auge cinematográfico liderado por los hermanos Di Domenico, la ciudad vivía una fiebre por el cine, y Bogotá necesitaba teatros modernos.
El diseño estuvo a cargo del ingeniero J. Ernesto González Concha, y fue decorado por el pintor Maurice Ramelli, quien le dio ese toque art nouveau que todavía se distingue. El resultado fue un edificio elegante y acogedor, que se inauguró el 3 de abril de 1924 con la proyección de la película El Destino.
Con capacidad para más de 1.300 personas, 38 palcos y un famoso gallinero, el Faenza se volvió punto de encuentro de la élite capitalina, que asistía a funciones de zarzuela, conciertos y estrenos de cine mudo con narrador en vivo.
Más allá del arte, el Faenza fue también escenario de un momento histórico: allí se ejerció por primera vez el voto femenino en Colombia.
Del esplendor a la decadencia: cuando el Faenza cayó en el olvido
A partir de los años 70, el auge de la televisión y los nuevos cines en centros comerciales dejaron al Faenza en segundo plano. La falta de público, el abandono y la poca inversión hicieron que el teatro cayera en ruinas.
En medio de ese deterioro, comenzaron a circular historias inquietantes: que se proyectaba cine Triple X, que se usaban las instalaciones para grabar películas de contenido extremo, incluso snuff, ese tipo de cine que supuestamente muestra crímenes reales. Nunca hubo pruebas, pero las paredes maltratadas, los espacios oscuros y los rumores crearon una leyenda urbana que aún persiste.
¿Se grabaron crímenes reales en el Teatro Faenza?
Los años 70 fueron el periodo más oscuro. Algunos testimonios hablan de escenas que parecían tan reales, que muchos creyeron estar frente a asesinatos verdaderos.
Según una columna publicada en 1999 por EL TIEMPO, una periodista describió cómo en esas películas el final no era actuación, sino muerte verdadera. Extrabajadores del lugar aseguran haber visto sótanos ocultos, habitaciones secretas y rastros que daban miedo.
Restos de tortura y sangre: lo que encontraron durante la restauración
En 2002, la Universidad Central ganó la convocatoria para recuperar el teatro. El proceso se centró en una restauración patrimonial seria, pero no por eso dejó de haber momentos inquietantes. Según algunos trabajadores, se encontraron elementos que parecían de tortura y manchas de sangre en paredes del sótano.
En entrevistas el director de escenarios, Eddie Luna, aseguró que al llegar el lugar era inhabitable: plagas, escombros, maderas podridas y puertas cubiertas por años de abandono. Aun así, la universidad emprendió el reto de devolverle el alma al Faenza, sin borrar su historia.
Entre el mito y la memoria: el renacimiento del Faenza
Después de varias décadas, el Faenza volvió a abrir sus puertas en 2007. Se convirtió en un centro cultural y escenario de conciertos, como el del Ensamble Latinoamericano de la Universidad Central. Aunque el teatro fue rescatado del abandono, el misterio quedó intacto.
La historia del Faenza es única en Bogotá: un lugar donde la modernidad, el arte y lo paranormal se mezclan. Las leyendas seguirán vivas, contadas en voz baja entre los muros de un edificio que guarda secretos que quizá nunca se revelen del todo.