El nuevo estadio El Campín de Bogotá entró oficialmente en fase de construcción después de varios meses de trámites y ajustes al proyecto. Durante una rueda de prensa, el alcalde Carlos Fernando Galán, el director del IDRD, Daniel García, y Mauricio Hoyos, CEO de Sencia Bogotá, respondieron por los cerca de siete meses transcurridos desde las primeras intervenciones en el predio y explicaron qué cambia ahora para evitar nuevos aplazamientos.
La principal garantía, según Sencia, es que el acta de inicio ya fue suscrita y establece tiempos contractuales que deben cumplirse. Hoyos explicó que las demoras anteriores estuvieron relacionadas precisamente con el proceso necesario para llegar a la firma de ese documento.
Galán aclaró, además, que técnicamente la obra no estuvo paralizada porque la construcción todavía no podía comenzar. Aunque desde marzo se adelantaron labores para adecuar el terreno, la licencia solo quedó en firme el 19 de junio.
Daniel García señaló que durante ese periodo el proyecto se encontraba en fase de preconstrucción. Entre las actividades realizadas estuvo la demolición de las estructuras del antiguo club de tenis, localizado en el costado oriental, lugar donde se levantará la nueva infraestructura.
Con el acta de inicio suscrita el 23 de septiembre y los trámites necesarios superados, el proyecto pasó ahora a la fase de construcción.
Sencia pagará el costo adicional por ampliar el estadio
Uno de los puntos centrales de los anuncios tiene que ver con el cambio de las características del nuevo escenario. El proyecto fue ajustado para superar los 60.000 espectadores, una capacidad mayor a la contemplada inicialmente.
El alcalde Carlos Fernando Galán defendió la decisión al señalar que avanzar con las condiciones originales habría permitido ahorrar tiempo, pero no necesariamente entregar el escenario que Bogotá necesita. El objetivo, sostuvo, es construir un estadio de talla mundial.
Ese cambio supone costos adicionales. Frente a la pregunta sobre quién tendrá que asumirlos, Mauricio Hoyos aseguró que serán cubiertos por los accionistas de Sencia y que no implicarán una afectación en la remuneración del IDRD.
“Los accionistas de Sencia vamos a hacer un esfuerzo adicional para poder traer a Bogotá el estadio que se merece, no el que podemos construir. Sí trae unos costos adicionales, pero nosotros los vamos a costear sin afectar la remuneración del Instituto”, afirmó Hoyos.
De acuerdo con la actualización presentada, el nuevo estadio está proyectado para ser inaugurado en diciembre de 2028, tendrá capacidad para más de 60.000 espectadores y contará con elementos como techo retráctil, gradería sur retráctil y grama híbrida.
La construcción se realizará mientras el actual El Campín continúa operando. El nuevo escenario se levantará inicialmente en el costado oriental del complejo, como parte de un proyecto más amplio que contempla áreas comerciales, espacios públicos y equipamientos culturales.
Qué garantiza que no haya otro aplazamiento
Después de los retrasos en los trámites previos, la pregunta que queda sobre la mesa es qué impide que dentro de algunos meses Bogotá conozca un nuevo cambio en el cronograma.
La respuesta entregada por Sencia apunta al contrato. Con el acta de inicio ya firmada, aseguró Hoyos, comienzan a correr plazos claramente establecidos para la ejecución del proyecto.
El Distrito, por su parte, sostiene que el periodo anterior no correspondió a una obra iniciada y posteriormente detenida. Galán explicó que primero debía quedar en firme la licencia, completarse otros procedimientos, incluido el estudio de tránsito, y finalmente suscribirse el acta de inicio.
Por ahora, diciembre de 2028 queda marcado como el nuevo compromiso para que Bogotá reciba su estadio con capacidad superior a 60.000 personas. Y Sencia tendrá no solo el reto de cumplir el cronograma, sino de financiar los costos adicionales derivados de la ampliación anunciada.