Llegó la Semana Santa y con ella el antojo infaltable de una buena mojarra, un bagre sudado o una cazuela bien servida. Pero ojo, gente de Soacha, que no todo lo que brilla en la plaza es pescado fresco. Para evitar que el almuerzo termine en una mala noche —o peor, en urgencias— la Secretaría de Salud de Soacha se puso las pilas y sacó un manual práctico para aprender a comprar pescado fresquito y seguro.
La advertencia es clara: no se trata solo de cuidar el bolsillo, sino la salud. En estas fechas sube el consumo de pescado y mariscos, y con eso también el riesgo de que le vendan producto en mal estado. Por eso, desde la Alcaldía hicieron un llamado a no dejarse afanar ni “meter cuento” por el vendedor.
Semana Santa en Soacha: comprar bien es la clave
La Secretaría de Salud insiste en que la compra responsable empieza por observar bien el producto, preguntar sin pena y confiar más en el ojo y el olfato que en los descuentos. Un pescado en mal estado puede causar intoxicaciones, infecciones gastrointestinales y más de un dolor de cabeza en días que deberían ser de reflexión y tranquilidad.
Desde la entidad lo resumen sin rodeos: si algo no le transmite confianza, mejor no lo lleve. Como dice la regla de oro que acompaña la campaña, “si tiene la mínima duda del olor o el color, déjelo pasar”. El estómago se lo va a agradecer.
Pescado fresco: lo que el ojo no puede pasar por alto
Si va a comprar pescado fresco , hay señales que no fallan. Según la guía difundida por la Secretaría de Salud, lo primero que hay que mirar son las agallas: deben estar húmedas y bien brillantes. Si están secas, pálidas o con un color raro, es mejor seguir de largo.
Otro punto clave es el olor. El pescado fresco no huele fuerte ni desagradable. Si siente un aroma muy intenso o “pasado”, no hay limón que arregle eso. También es importante fijarse en las escamas, que deben estar bien adheridas, y en los ojos, que deben verse claros y no hundidos.
Pescado seco: cuidado con la humedad y los hongos
En el caso del pescado seco, la recomendación es clara: debe estar completamente seco y de color uniforme. Si tiene zonas húmedas, babosas o presenta puntos verdes o negros, es señal de hongos y ese producto ya no es apto para el consumo.
Comprar pescado seco en mal estado no solo arruina la receta, sino que representa un riesgo serio para la salud. Por eso, nada de llevarlo “por pesar” o porque está barato.
Congelados: sin escarcha y con cadena de frío intacta
El pescado congelado también merece atención. El empaque debe verse limpio y bien sellado, sin acumulación de escarcha en su interior. La presencia de hielo es una señal de alerta: indica que el producto se descongeló y volvió a congelarse, rompiendo la cadena de frío.
Eso aumenta el riesgo de contaminación, así que, si ve escarcha o el empaque está roto, mejor déjelo en el congelador del almacén.
Atún en lata: si está golpeada, no sirve
Para el popular atún en lata, la regla es sencilla y estricta: la lata debe estar impecable. Nada de envases abollados, oxidados o inflados. Si la lata tiene algún golpe notable o se ve rara, no la compre.
Desde la Secretaría de Salud recuerdan que una lata en mal estado puede albergar bacterias peligrosas, incluso si el producto está sellado.
El llamado de la Secretaría de Salud de Soacha
En su mensaje a la ciudadanía, la entidad fue clara en invitar a compartir esta información con familiares y amigos, para que todos compren con mayor seguridad en plazas de mercado, supermercados y tiendas del municipio.
“No te arriesgues. Sigue esta guía rápida para que tus comidas de Semana Santa sean deliciosas y, sobre todo, seguras”, señaló la Secretaría de Salud de Soacha.
Además, recomendaron comprar en lugares autorizados, mantener el pescado refrigerado hasta su preparación y lavarse bien las manos antes y después de manipularlo.
Comer rico, pero con cuidado
La conclusión es sencilla: en Semana Santa se vale disfrutar del pescado, pero con cabeza fría. Un buen plato empieza desde la compra, y unos minutos revisando el producto pueden evitar varios días de malestar.
Así que ya sabe, Soacha: mire, huela, pregunte y no se deje afanar. Porque un pescado bien escogido es una bendición… y uno en mal estado, un pecado para el estómago.