En Colombia, más de 7,3 millones de viviendas están arrendadas, según cifras del Departamento Administrativo Nacional de Estadística (DANE). Esto significa que cerca del 40 % de la población vive en arriendo, un escenario en el que el contrato de arrendamiento adquiere un papel central para garantizar relaciones claras entre propietarios e inquilinos.
Este documento define los derechos y deberes de ambas partes y establece las condiciones en las que se entrega y se habita un inmueble. Sin embargo, y de acuerdo con distintas experiencias compartidas por ciudadanos, la falta de claridad o el desconocimiento del contenido del contrato genera conflictos que pueden terminar en gastos adicionales, reparaciones no planificadas, problemas de convivencia o disputas legales.
Expertos recomiendan revisar y actualizar los contratos antes de firmarlos
Abogados especializados en propiedad horizontal y arrendamientos señalan que una de las fallas más frecuentes ocurre cuando las partes firman contratos sin conocer a fondo sus alcances. La abogada Katheryne Guerrero, consultada para este tipo de casos, explica que muchos de los conflictos que se ven hoy se originan por acuerdos incompletos o por propietarios que delegan el manejo del arriendo, pero no acompañan al inquilino cuando surgen inconvenientes.
Guerrero menciona que es habitual encontrar situaciones en las que un arrendatario enfrenta problemas relacionados con ruidos, mantenimiento de equipos, fallas estructurales o discusiones entre vecinos, sin recibir orientación del arrendador o de la inmobiliaria. Según su análisis, cuando el contrato no define cómo proceder en estas situaciones, el inquilino queda expuesto y debe asumir solo disputas que deberían ser mediadas por la parte propietaria o por la empresa administradora.
La especialista sostiene que el arrendamiento es una relación jurídica, y que tanto propietarios como arrendatarios deben cumplir obligaciones mínimas. Esto implica acompañar, orientar y gestionar los trámites necesarios cuando surgen controversias, en lugar de limitarse a cobrar el canon mensual o desentenderse de los reclamos del inquilino.
Falta de reglas claras puede desencadenar conflictos mayores
Guerrero también advierte que algunos problemas se originan cuando los propietarios permiten el arriendo sin conocer plenamente el proceso, o cuando improvisan las condiciones del contrato. Esto puede llevar a malentendidos en visitas al inmueble, ingreso sin autorización del arrendador o exigencias que no están establecidas legalmente.
Entre los casos que se han vuelto frecuentes en redes sociales, la abogada menciona situaciones en las que propietarios intentan resolver desacuerdos ingresando sin permiso al inmueble, reclamando objetos perdidos o discutiendo de manera directa con el arrendatario, generando episodios tensos que incluso han terminado documentados en video. De acuerdo con Guerrero, estos episodios podrían evitarse si el contrato incluye reglas claras sobre ingreso, mantenimiento, convivencia y responsabilidades compartidas.
La especialista recalca que arrendar no es improvisar, y que quienes deciden ofrecer un inmueble deben estar informados sobre la normatividad vigente o apoyarse en profesionales o inmobiliarias que garanticen una adecuada gestión del contrato. Esto no solo protege al inquilino, sino que también evita pérdidas económicas al propietario, especialmente cuando se presentan daños, incumplimientos o procesos de restitución.
Un buen contrato evita gastos y fortalece la convivencia
Los expertos concluyen que, en un país donde millones de personas viven bajo contratos de arriendo, actualizar y revisar cada cláusula es fundamental para prevenir conflictos y gastos imprevistos. Contar con reglas claras desde el inicio permite que propietarios e inquilinos tengan una convivencia más transparente, que los reclamos se canalicen correctamente y que los procesos de restitución o reparación no se conviertan en disputas prolongadas.