Pasaje de Transmilenio

Pasajes gratis de TransMilenio: beneficiarios y cómo ahorrar $85.000 al mes

"Un pasaje que abre puertas": el Distrito prioriza a adultos mayores en abandono y ciudadanos en procesos de resocialización.

Colprensa/(X)tullaveplus Pasajes gratis de TransMilenio

Para quienes pueden pagar el transporte sin pensarlo demasiado, un pasaje más puede parecer insignificante. Pero para miles de bogotanos en condición de vulnerabilidad, el valor del viaje diario determina si pueden ir al médico, estudiar, trabajar o incluso comer. Por eso, el anuncio de la Alcaldía de Bogotá sobre la continuidad y ampliación del programa de pasajes gratuitos en TransMilenio se ha convertido en un alivio tangible para quienes apenas logran cubrir sus gastos básicos.

De acuerdo con la Secretaría de Integración Social, el año pasado se entregaron 18,4 millones de pasajes gratuitos, una cifra que explica la magnitud del apoyo y su impacto social. Y este año, el Distrito decidió ir más allá: el beneficio llegará a los “más excluidos entre los excluidos”, como lo describió el secretario Roberto Angulo.

¿Quiénes reciben los pasajes gratis?

El programa está dirigido a poblaciones tradicionalmente vulnerables, pero esta vez suma nuevos grupos que antes no estaban priorizados. Entre los beneficiarios se encuentran:

  • Personas en condición de pobreza.
  • Adultos mayores sin ingresos estables.
  • Ciudadanos con discapacidad.
  • Habitantes de calle en proceso de resocialización.
  • Personas que viven en pagadiarios.
  • Adultos mayores en situación de abandono.

La expansión del programa busca garantizar que quienes requieren atención médica, acompañamiento psicosocial o quienes están intentando retomar su vida tengan asegurado al menos el transporte para hacerlo.

El ahorro que cambia vidas

La historia de don José, uno de los beneficiarios, refleja la importancia de este apoyo. Él recibe 22 pasajes mensuales, lo que representa un ahorro cercano a $85.000, una cifra que, como dice, “sirve para la sal y el mercado”.

Casos como el suyo se repiten en toda la ciudad: emprendedores que usan el beneficio para surtir sus “chazas”, adultos mayores que pueden asistir a controles médicos y profesores independientes que se desplazan para dictar clases. En todos, el pasaje gratuito no solo reduce gastos, sino que habilita oportunidades.

“Los utilizo para mis citas médicas y mis labores personales”, cuenta don José. Otros usuarios los destinan para visitar a sus familias, comprar materiales de trabajo o dictar clases particulares. Para muchos, el transporte dejó de ser una barrera.

Menos colados, más orden

Un efecto adicional, según los mismos beneficiarios, es la reducción en la necesidad de saltarse torniquetes. “Ya no hay que colarse porque tenemos nuestros pasajes”, dice una usuaria adulta mayor. Y otros destacan que esto contribuye a mejorar el orden en las estaciones y disminuir conflictos con los colabores de control.

Una política social que genera consenso

El beneficio ha recibido opiniones ampliamente positivas entre los ciudadanos:

  • “Me parece muy bien”.
  • “Es una excelente ayuda”.
  • “Va a haber más orden”.
  • “Es muy eficiente para la tercera edad”.
  • “Sirve para seguir estudiando y yendo a citas médicas”.

La percepción general es que la estrategia no solo ayuda a quienes más lo necesitan, sino que también genera efectos positivos en la dinámica del sistema y, a largo plazo, en la convivencia.

Una apuesta por la dignidad y la movilidad social

El secretario de Integración Social resume así la filosofía del programa:
“La Alcaldía entrega pasajes gratis a la población pobre y vulnerable, personas mayores y personas con discapacidad… y este año sumamos a quienes viven en pagadiarios, habitantes de calle y personas mayores en abandono”.

Para estas poblaciones, tener garantizado el transporte diario es una forma de reconstruir rutinas, acceder a servicios esenciales y mantener la autonomía, especialmente para quienes están retomando procesos de resocialización o tratamiento.

Un viaje que abre puertas

Al final, para personas como don José, la utilidad del beneficio es concreta y cotidiana:
“Los uso para ir al médico, para comprar cosas para mi chaza, para trabajar… Bendito sea Dios por estos pasajes”.

Y también lo aprovechan profesores que recorren la ciudad dictando clases, artesanos que buscan materiales y adultos mayores que necesitan controles frecuentes.

En una ciudad donde moverse cuesta, la posibilidad de viajar sin preocuparse por el pasaje se convierte en un soporte esencial para que miles puedan seguir adelante. El programa de pasajes gratis no solo mueve a Bogotá: ayuda a que sus habitantes no se detengan.