En el oriente de Cundinamarca por fin hay una noticia que sí se siente en el bolsillo y en la tierra. La Gobernación, a través de la Secretaría del Agrocampesinado, decidió meterle inversión seria al campo y arrancó con un apoyo directo a los cultivadores de fríjol en Guayabetal y Fosca, dos municipios donde la agricultura es el sustento diario de cientos de familias.
No se trata de promesas ni de talleres con café y galletas. Aquí hay plata, insumos y técnica, todo junto. En total son más de $228 millones de pesos destinados a que 60 productores —30 por municipio— dejen de trabajar “con las uñas” y puedan mejorar la calidad y el rendimiento de sus cultivos.
Inyección de capital para el fríjol en el Oriente de Cundinamarca
La inversión apunta a algo básico pero clave: producir más por hectárea gastando menos en el mediano plazo. A los campesinos les están entregando fertilizantes, plántulas certificadas y tutores inmunizados, elementos que ayudan a que la planta se desarrolle mejor, no se pierda la cosecha y resista plagas o malas condiciones del suelo.
Desde la Gobernación explicaron que el apoyo busca atacar uno de los problemas históricos del campo: la falta de recursos técnicos que termina encareciendo la producción y reduciendo las ganancias del productor.
“Con más de $228 millones invertidos, 60 productores de fríjol de Guayabetal y Fosca reciben insumos agrícolas para mejorar las condiciones técnicas en ambos municipios”, señaló el informe oficial.
Apoyo técnico, no solo bultos y semillas
Uno de los puntos más importantes del programa es que no se limita a entregar insumos. La estrategia incluye una alianza técnica con la Federación Nacional de Cultivadores de Cereales, Leguminosas y Soya, lo que significa acompañamiento, capacitación y seguimiento.
En plata blanca: no es solo dar los tutores inmunizados, sino enseñar cómo usarlos bien, cómo guiar la planta, cómo evitar que se quiebre o se enferme, y cómo sacar una cosecha más pareja y de mejor calidad.
Este acompañamiento es clave para que el campesino no desperdicie recursos y pueda sostener el cultivo en el tiempo.
Guayabetal y Fosca, en el foco del programa
Los 60 productores beneficiados están repartidos equitativamente entre Guayabetal y Fosca, municipios donde el fríjol es un cultivo tradicional y una fuente importante de ingresos. En muchos casos, los agricultores dependen de esta cosecha para sostener a su familia durante todo el año.
La inversión también se ejecuta en articulación con las alcaldías locales, lo que permite una mejor identificación de los beneficiarios y una supervisión más cercana del proceso.
“El apoyo incluye fertilizantes, tutores inmunizados y plántulas, que mejoran el desarrollo del cultivo, aumentan la productividad por hectárea y reducen costos en el mediano plazo”, señala el reporte de la Gobernación.
Menos costos, más producción y mejor precio
Detrás de esta inversión hay un objetivo claro: reducir los costos de producción sin sacrificar calidad. Cuando el campesino gasta menos en insumos improvisados y pierde menos cosecha por fallas técnicas, el rendimiento mejora y el producto final llega en mejores condiciones al mercado.
Eso no solo beneficia al agricultor. También tiene impacto directo en el consumidor, porque un cultivo más eficiente permite que el fríjol llegue a mejor precio a las plazas y mercados de Bogotá y la región.
El campo como prioridad
Desde la Secretaría del Agrocampesinado explican que este tipo de programas buscan fortalecer la economía rural, evitar que los campesinos abandonen el campo y mejorar las condiciones de producción sin depender de intermediarios abusivos.
No es una solución mágica ni inmediata, pero sí un paso concreto para que el agricultor trabaje con más técnica y menos improvisación.
Para los cultivadores de fríjol en Guayabetal y Fosca, esta inversión llega en buen momento. No es solo plata: es confianza en el campo, respaldo institucional y acompañamiento técnico.
Si el campesino produce mejor y reduce costos, la cadena completa gana. Y cuando al campo le va bien, la comida no falta en la mesa del ciudadano. En esta ocasión, la Gobernación decidió apostar por algo sencillo pero poderoso: sembrar con técnica para cosechar con dignidad.